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Ginecología y Obstetricia|2020-04-23T08:52:28+00:00abril 2020|Sin comentarios

Embarazo y COVID-19, ¿qué se debe tener en cuenta?

En primer lugar, hay que explicar que los conocimientos actuales sobre embarazadas y Covid-19 no pueden dar lugar a afirmaciones categóricas, por lo que no podemos dar respuestas basadas en la certeza. Ya habrá lugar para un análisis más profundo en el futuro inmediato, que permita analizar correctamente todos los datos que se van recogiendo.

En cuanto a la afectación en embarazadas, lo que sí presentimos es que no ha sido tan grave como en un principio todos temíamos, por pura comparación con el SARS y MERS. Hay que tener en cuenta que el virus está afectando más a hombres que a mujeres, al menos en lo referente al número de pacientes sintomáticos y graves. Los niños parecen ser también una población claramente favorecida.

En referencia a la transmisión vertical, algunos datos afirman que no existe contagio de madre a feto. Yo no me atrevería a hacer esa afirmación, de hecho, creo que probablemente se esté dando en muchos más casos de lo que se piensa, pero sin transcendencia para el recién nacido. Como pasa en cualquier enfermedad infecciosa, lo más importante no es el hecho de contagiarnos o no, sino la gravedad de la patología.

Entiendo perfectamente, y empatizo con la incertidumbre que esta pandemia está provocando en toda la población femenina que, en este momento, esté embarazada. Quiero transmitir un mensaje de tranquilidad, pues reitero, no hay ningún dato actual que muestre un incremento notorio del riesgo de morbilidad ni mortalidad respecto al resto de la población y esto es así, tanto para la embarazada, como para su hijo.

Lo que debemos aprender de esta situación, y hasta que este nuevo vector de enfermedad pase a ser miembro de nuestro acervo inmunológico común, bien porque estemos inmunizados por haber sufrido la infección, o bien por la esperada vacuna, es que se deben tomar las medidas de aislamiento de la forma más precoz, seria y selectiva posible.

La situación perfecta para una embarazada es no infectarse. Todas las explicaciones que desde la consulta de Ginecología de Grupo Virtus hemos dado desde principios de marzo, van en esa dirección: prevenir.

Para ello, debe utilizarse siempre mascarilla y guantes, y guardar el confinamiento. Los miembros que convivan con una embarazada en el mismo domicilio deben participar de las mismas medidas ya que, si falla un eslabón, falla toda la cadena de aislamiento.

Como resulta prácticamente imposible usar y tirar tanto guantes como mascarillas, dada su escasez, lo más práctico es esterilizarlas. Nosotros utilizamos una disolución acuosa de lejía para los guantes y vaporización de alcohol sobre las dos caras de las mascarillas, dejándolo secar todo al aire, en una bandeja en la entrada del domicilio. Las mejores mascarillas sí permiten reesterilización.

Cuando se pone la mascarilla, se debe hacer a través de las cintas, no tocar nunca la cara interna. Los guantes se quitan tirando de ellos por la cara externa. Siempre, antes y después, debemos lavarnos las manos, y después la cara. Hay que evitar el ciclo mano-cara-ojo-boca. Personalmente, si hemos estado un buen rato en el exterior, incluso puede ser aconsejable una ducha con agua caliente, sin jabón.

En caso de que la embarazada tenga síntomas sospechosos, debe seguir las mismas instrucciones que el resto de la población y avisar a los servicios de emergencia establecidos en cada medio asistencial. Si tiene síntomas obstétricos, como disminución o aumento de los movimientos fetales, contracciones uterinas u otras, así como síntomas de enfermedad como fiebre, tos intensa o sensación de falta de aire, debe acudir a su Servicio de Urgencias, avisando siempre de su sospecha de padecer Covid-19. Una vez valorada ella, se derivará seguro para valoración fetal.

Hay que entender que, el embarazo es un proceso fisiológico, no es una enfermedad. Por lo tanto, las consultas de seguimiento pueden postergarse sin riesgo para una embarazada sana. Si la embarazada es una paciente de alto riesgo o con cualquier otra patología previa o adquirida durante la gestación, las cosas cambian. Sí deberá hacer el seguimiento indicado por su servicio de obstetricia.

Por ejemplo, en nuestro servicio hemos reducido las consultas presenciales a: Ecografía del Primer Trimestre, Ecografía morfológica de 20 semanas, Ecografía de 30 semanas y cita de Monitores materno-fetales en la semana 37. El resto de las pruebas y resultados de estas se pueden gestionar por correo electrónico, teléfono o videollamada. Un protocolo que seguimos estrictamente, salvo los casos de alto riesgo o enfermedad concomitante.

La asistencia al parto y postparto ante el Covid-19

La asistencia al parto y postparto inmediato también se ha visto modificada. Dependiendo de las instalaciones y circunstancias epidemiológicas de cada centro, en muchos centros hospitalarios se está prohibiendo el acceso del padre al parto o cesárea. En algunos se realiza siempre PCR a la embarazada y una radiografía de tórax, que está justificada por la gran variedad de presentaciones clínicas en pacientes totalmente asintomáticas.

En otros centros, dado que el resultado de la PCR se demora 24 o 48 horas, tiene poco objeto su realización con miras a la asistencia al parto, por lo que solo se solicita si la encuesta epidemiológica sugiere sospecha de infección pasada o reciente de Covid-19.

En numerosos hospitales se ha establecido un postparto con alta precoz a las 24 horas o antes si ha sido un parto eutócico y dos días en caso de cesárea, siempre que la situación clínica de la paciente lo permite. Se ha prohibido la libre circulación y las visitas en la planta de Obstetricia.

En cuanto a la atención al parto y postparto de una embarazada infectada por Covid-19, cada centro ha tomado medidas específicas, en función de sus instalaciones, medios y personal cualificado.

Y, respecto al seguimiento postparto, en algunos hospitales tienen protocolizado un seguimiento con Rx Tx, PCR y serología antes del alta. Se le pauta Heparina BPM, como paciente con mayor riesgo de procesos trombóticos. El seguimiento posterior ya no se hace por obstetricia, sino por el Servicio de Medicina Interna. Efectivamente, la gran mortalidad asociada a la infección por Covid-19, es por su asociación con micro trombos pulmonares, no en sí por la destrucción de la célula pulmonar o neumocito, sino por la tormenta inflamatoria que genera en los pulmones de algunos pacientes infectados. El embarazo en sí es una situación que modifica el sistema de coagulación, preparándolo para que coagule “de más”, ante una situación de exigencia como es el sangrado que, en mayor o menor medida, siempre es muy abundante en un parto. Es de suponer que, esa situación fisiológica, en el contexto de una paciente infectada por Covid-19, podría generar un mayor riesgo de complicación pulmonar. Por ese motivo, aunque no existen todavía datos certeros, se implementa esa medida de profilaxis, al considerar que el riesgo-beneficio es a favor del tratamiento anticoagulante.

Dr. Joaquín Grande Gómez, especialista en Ginecología y Obstetricia en Centro Médico Complutense (Grupo Virtus)

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