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Psicología|2020-05-13T11:08:20+00:00mayo 2020|Sin comentarios

¿Cómo actuar ante un niño que no quiere salir tras el confinamiento?

Al igual que se ha hablado con los niños para explicar qué es el confinamiento y en COVID-19, es necesario hacerlo ante la salida a la calle. Después de más de un mes sin salir de casa es probable que más de un niño no quiera salir a la calle por miedo a lo que se pueda encontrar.

¿Qué es el miedo? El miedo es una emoción normal que presentamos todos en determinados momentos ante situaciones que comprometen nuestro bienestar. Es útil porque evita que corramos riesgos innecesarios.

¿Qué nos pasa cuándo sentimos miedo? A nivel psicológico se producen tres sistemas de respuesta en el miedo:

  1. El primero es el nivel fisiológico: nuestro cuerpo reacciona con cambios corporales que nos generan emociones molestas como sudoración palmar, aumento de la respiración y del ritmo cardíaco, tensión muscular, escalofríos, entre otros.
  2. El segundo es el nivel cognitivo, nos encontramos con los pensamientos e imágenes mentales relacionadas con la situación que nos genera el miedo: me voy a contagiar, mis familiares y amigos pueden enfermar, vamos a morir, no pienso salir a la calle, seguro que toco algo y me contamino…
  3. El tercer nivel es el motor: esto hace referencia a las cosas que hacemos cuando tenemos miedo. Estas conductas se dirigen a impedir, posponer o escapar de la situación que nos lo genera. Por eso nos encontramos en esta fase de desescalada con niños o adolescentes que no quieren salir y evitan enfrentarse a ello.

¿Cómo ayudarles a vencer el miedo a salir?

  • Normalizar la emoción: es necesario hacerles ver que es normal que tengan miedo a un posible contagio y que los adultos a veces también lo sentimos, pero que, si seguimos las recomendaciones dadas por los profesionales, no podrá pasarnos nada. Es importante que el niño se vea con recursos para poder afrontar estas situaciones, es decir, dotarle de material de protección que le ayude a sentirse en un ambiente relajante y más seguro.
  • Exposición al miedo: el miedo irá disminuyendo según vayamos exponiéndonos a la situación temida y veamos que no sucede nada malo, ni a él ni al resto de las personas que salen a la calle. Para realizar las exposiciones al miedo recomendamos hacerlo “pasito a pasito”, porque el exponernos de golpe podría ser perjudicial. Para esto elaboraremos una jerarquía, es decir, una lista de pasos que iremos dando de menor a mayor intensidad. En este caso sería de utilidad programar las salidas de los niños de menor a mayor tiempo de duración, así como de menor a mayor distancia. De esta manera irán ganando en seguridad y el miedo irá disminuyendo según vayan comprobando que no sucede nada malo. Serán recomendable las exposiciones diarias, ya que son más eficaces que realizarlas de manera aislada. También es importante intentar suscitar en ellos otro tipo de emociones contrarias al miedo mientras realizamos la salida: ir jugando por la calle, risas, canciones…
  • Dotarles de herramientas para que se enfrenten a salir a la calle de manera relajada:

Practicar con ellos alguna técnica de respiración o relajación para que realicen antes y durante la salida. De esta manera, conseguiremos disminuir las reacciones fisiológicas que puedan experimentar propias del miedo.

Reestructuración cognitiva: identificar las posibles creencias erróneas, pensamientos negativos e imágenes que estén alimentando el miedo y ayudarles, en la medida de lo posible, a cambiarlos por otros más adaptativos. ¿Es racional el pensamiento que estoy teniendo?, ¿está basado en datos?, ¿existen pruebas que lo confirmen?, ¿qué probabilidad hay de que pase algo si llevo a cabo las recomendaciones médicas?, entre otras dudas.

Autoinstrucciones: decirse frases de ánimo a sí mismo cuando se vaya a enfrentar a la situación temida o se encuentre en ella “soy capaz de hacerlo”, “puedo con ello”, “voy a respirar despacito”, “tranquilo”. El objetivo es que su propio lenguaje interior vaya guiando la salida a la calle y al mismo tiempo distraigamos su atención.

  • Establecer con ellos un sistema de recompensas si consiguen enfrentarse al miedo: elegir un postre que les guste, jugar con ellos a algo que quieran, ampliar el tiempo para irse a la cama, tiempo de pantallas… Estos refuerzos dependerán de las diferencias individuales de cada niño, dinámicas familiares y edad, entre otros factores. Este sistema de recompensas siempre tiene que ir acompañado de refuerzo social: felicitarle por su valentía, sonrisas, besos, muestras de cariño…
  • Motivarles para que repitan su conducta al día siguiente.
  • Como padres, darles seguridad manteniendo la calma al acompañarlos. Los padres transmitimos nuestros estados de ánimo a los niños, si nos ven nerviosos o con miedo, captarán rápidamente estas emociones y se preocuparán más.

Aunque puedan salir un rato en esta fase de la desescalada, nos quedan muchas horas por pasar en casa durante el día y es necesario seguir manteniendo las recomendaciones que hemos seguido llevando durante estas semanas. Recordemos, que la situación que vivimos es novedosa y supone un cambio de rutinas y del modo en que acostumbramos a vivir. Es normal en los niños que, ante esta situación de encierro, afloren conductas como rabietas, irritabilidad, nerviosismo, dificultades para dormir… completamente normales ante esta nueva forma de vida. También pueden darse algunos episodios de regresión en los más pequeños: dificultad en control de esfínteres, volver al chupete o querer dormir con los padres, por ejemplo.

Es importante para seguir manejando esta situación, que sigamos controlando el bombardeo de información que les llega. Hay que darles información, pero siempre acorde a su edad, con un lenguaje comprensible para ellos. No debemos intentar que no se enteren de nada ni mentirles porque muchas veces el desconocimiento de información puede ser más perjudicial para ellos, debido a que pueden generarse en sus cabecitas historias que no son reales y que alimentarán sus miedos.

Seguiremos preguntándoles cómo se sienten, para poder identificar sus miedos, preocupaciones, dudas y diferentes emociones, y así poder ayudarles a gestionarlas. Esto les hará aumentar en seguridad.

Habrá que seguir con las rutinas establecidas (sueño, alimentación, higiene, tareas escolares…) y seguir manteniendo esas normas y límites que tenemos instaurados en cada hogar. Recomendamos ser flexibles dadas las circunstancias especiales que atravesamos. Será importante seguir manteniendo y fomentando la autonomía personal y aprovechar esta situación excepcional para aprender cosas nuevas.

Para los niños y adolescentes, al igual que para los adultos, las relaciones sociales son muy importantes para su desarrollo y bienestar emocional. Para paliar esta ausencia, tendremos que seguir utilizando las nuevas tecnologías, fantásticas herramientas en estos días al acercarnos a nuestros seres queridos.

No olvidemos, que ahora más que nunca no podemos bajar la guardia y tenemos que seguir cuidándonos y cuidando a los que más queremos. ¡Enhorabuena a esos peques y a esos padres por esta gran labor que hacéis!

Dña. Leticia García
Psicóloga en Centro Médico Complutense (Grupo Virtus)

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