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Podología|2020-10-28T10:42:52+00:00octubre 2020|Sin comentarios

El podólogo, esencial en el tratamiento del pie diabético

El pie diabético es una de las situaciones, propias de los pacientes que padecen Diabetes Mellitus (DM), que más complicaciones crónicas e incapacidad conlleva. Los pacientes que deben acudir a una consulta especializada son aquellos que presenten deformidades estructurales en los pies con o sin dificultad para encontrar un calzado adecuado, helomas (callos), onicopatías (alteraciones y enfermedades en las uñas), desconocimiento de los hábitos necesarios para realizarse los autocuidados o mala agudeza visual que impida o dificulten realizarlos, mal control metabólico, incapacidad para detectar la temperatura en la zona de los pies (por ejemplo, no saber si el agua con el que nos lavamos los pies está fría o caliente, o al poner el pie en el suelo no notar dicha temperatura, ya que la primera sensibilidad que se pierde es la de temperatura), presencia de dolor que despierta por las noches, y si para aliviarlo hay necesidad de dejar el pie fuera de cama y colgando durante la noche, sensación de calambres, hormigueos en las piernas, dolor o malestar en las piernas cuando camina, presencia de heridas, maceración, infección…

En general, cualquier alteración en los pies o dudas en lo referente a cómo debemos realizar los autocuidados en casa o cómo su enfermedad puede afectar a los pies serían motivos para acudir a una consulta de podología especializada en el pie diabético.

¿Qué es un pie diabético?

Un pie con una lesión y/o ulceración por presentar alteraciones de base neuropática con diferentes grados de enfermedad arterial periférica. Estas dos situaciones están presentes en mayor o menor proporción, una con respecto a la otra. Si a lo anterior se le añade un desencadenante traumático, debido a un calzado inadecuado, o un exceso de presión debido a alteraciones estructurales o biomecánicas. Como lo que se pretende conseguir es evitar llegar a esta situación, en la medida de lo que podamos, ya que no debemos olvidar que el paciente tiene una patología de base que es la DM, sería mejor que diésemos una vuelta al concepto de y lo sustituyésemos por “Síndrome de Pie Diabético”, ya que lo que queremos es prevenir lesiones.

Lo que le marcará la pauta al paciente con DM para acudir a consulta de podología es conocer su situación de “pie de riesgo” de padecer una lesión. Los riesgos que hay que identificar en el paciente son: neuropatía periférica, enfermedad arterial periférica, artropatía, dermatopatía, queratopatía, onicopatía, alteración biomecánica, deformidades, hábitos incorrectos, mal control metabólico, antecedentes de ulceración, amputaciones previas, o coexistencia de otras alteraciones crónicas de la DM como la retinopatía o la nefropatía.

El podólogo realizará una exploración rellenando una historia clínica específica para pie diabético e interpretará los resultados obtenidos de la realización de diferentes test, medición con aparatos… Esto permitirá clasificar el pie de riesgo en tres niveles según el riesgo de padecer una lesión; alto, moderado y bajo riesgo. Cuando se tiene esta clasificación hay que pautar las revisiones del paciente durante el año, que será cada dos o tres meses, dos veces al año o al año, respectivamente, lo que permitirá adecuarse a su estado de salud para poder establecer un plan preventivo, aconsejar sobre el calzado adecuado, prescribir plantillas (soporte plantar) específico para descargar las zonas de riesgo, derivar a otros profesionales y pautarla siguiente revisión en función de los resultados.

¿Por qué acudir al podólogo ante esta dolencia?

El podólogo es capaz de cribar alteraciones neuro-vasculares específicas, de la misma forma en la que se realiza en atención primaria de salud, por lo que está capacitado para atenderte durante la consulta, pudiendo tomar las decisiones de derivar al paciente, si es necesario, a otros profesionales como cirujanos vasculares, endocrinos, neurólogos, enfermeros, por ejemplo, derivaremos al cirujano vascular aquellos casos en los que detectemos ausencia de pulsos distales a nivel del pie, con o sin presencia de úlceras de etiología vascular, o aquellos casos que requieran una valoración para una posible revascularización de la circulación arterial de los miembros inferiores o para prescribir o reevaluar la medicación actual.

Sin embargo, el podólogo es el único profesional capacitado para detectar alteraciones estructurales y biomecánicas que supongan un exceso de presión en los pies, con el consiguiente riesgo de ulceración. Además, es el profesional que puede aconsejar sobre el calzado adecuado y prescribir plantillas (soporte plantar) específico para descargar las zonas de riesgo.

En la actualidad, el podólogo no está incluido en la cartera de servicios de la Seguridad Social en la Comunidad de Madrid, por lo que los pacientes deben tener conocimiento de que pueden acudir a Grupo Virtus para llevar a cabo un plan preventivo frente a un “pie de riesgo”. Es importante tener en cuenta la procrastinación que muchas veces sufren los pacientes cuando posponen la necesidad de acudir a consulta, acudiendo cuando su situación ha empeorado y tiene peor pronóstico. Sea de la forma que sea hay que procurar prevenir en vez de tener que curar.

Dña. María de los Ángeles Serrano Moreno

Podóloga en Centro Médico Complutense (Grupo Virtus)

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